"Arromboidéese sobre el diván y disfrute de su filete frito sobre roca del Sáhara con extractos de moho amazónico, mientras lee posts de lo más interesantes"

18 mar. 2012

Poppy Seeds

¿Será que los miedos y las pérdidas tienen un cajón olvidado en la memoria que se abre sin previo aviso? Esta noche mis pensamientos parecen una bandada de buitres sobre una víctima despeñada en un erial. Giran, soberbios y lúgubres, sobre mis sienes. Trago monedas de metal caliente con las que pagar a mi tristeza. ¿Quién ha abierto ese maldito cajón ahora? ¿Yo? ¿Cuál yo?
     La hélice produce un zumbido hipnótico que hace vibrar un lugar de mi rostro entre orejas y nariz. Releo aquel informe médico “Degeneración macular acelerada con pérdida de visión progresiva e irreparable.” Ya casi no distingo la luz. Tras un breve sueño llego al aeropuerto. Camino hacia la entrada, donde está la pesada puerta de gélido cristal. Parece que el suelo está húmedo. Chapoteo. Sí, lo está. De pasada, el motor de un antiguo Ford. Necesito caminar.
     El viento ruge en el parque lamiendo mis piernas desnudas como una amansada fiera. ¡Qué extraño! ¡Todo sigue igual! No puedo parar. Mis piernas accionan todo esto, no quiero saber qué pasaría si dejara de caminar. Puedo ir más rápido, correré si es necesario. Pero mis miserias van tan pegadas a mí, como arena en los bolsillos que nunca creí llevar.
     A lo lejos las sensaciones de un lugar familiar me reconfortan. Sí, ya recuerdo. Ahora lo veo claro. Yo he estado aquí, sé que es el Missing, con sus grandes ventanales abiertos a la avenida. Dentro el ambiente cálido de la gente que vive. Oigo el murmullo de sus palabras y de su música. El gran espejo está entreabierto. Es una puerta que lleva a un pasadizo cada vez más estrecho por el que avanzo. Algo no va bien. Hace calor. Huele a formol. Veo estantes llenos de botes de cristal con ojos y fetos muertos. Es más estrecho aún. No se puede apresar el viento. No puedo buscar las estrellas ¿No puedo acariciarte aunque sea en sueños? Hay pérdidas y pérdidas. Quiero ver… te quiero… ver. Una frustración llama a otra y apuñalan mi mente racional. Oscuridad.
      Hace mucho calor. Llego a un nuevo y amplio paisaje. Color. Se me clava en los ojos. Me molesta el intenso mediodía de este desierto de tierra roja. Me duele el azul del cielo y esa montaña gris que se mueve hacia aquí. Es un enorme animal prehistórico que se despereza. Una quimera mitad rinoceronte mitad elefante que viene rugiendo con los ojos ensangrentados hacia a mí. No soy cobarde pero tampoco una insensata. Paro de frente para ver lo que viene. Estoy muy cansada. De pronto un golpe seco, fundido en negro.
     Despierto empapada en mi habitación con esta eterna oscuridad. Solo necesito tiempo, pero cuánto, cuánto tiempo. Todo queda en calma con la consistencia real. Menos la hélice del ventilador que sigue girando lenta, regresiva, infinita.

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