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2 jul. 2014

No todos vemos igual

Hay varios factores que combinados, determinan el tipo de visión que tienen los distintos animales. Aunque diferentes, todos los ojos tienen algo en común: células que reaccionan ante la luz. Tanto en los humanos como en los animales, las imágenes captadas por los ojos son procesadas por el cerebro.
Los ojos más sencillos no hacen más que detectar si los alrededores están iluminados u oscuros y los más complejos sirven para proporcionar el sentido de la vista. Los ojos compuestos se encuentran en los artrópodos, insectos y animales similares y están formados por muchas facetas simples que dan una imagen pixelada; no imágenes múltiples, como a menudo se cree.


Existe una gran diversidad en el número de ojos dentro del reino animal:

- Dos ojos al frente: permiten tener una visión en tres dimensiones, porque el cerebro combina la información que capta cada ojo otorgando lo que se llama visión binocular. Pero cada ojo ve algo diferente (hombre y la mayoría de los depredadores).
- Dos ojos laterales: posibilita un campo visual amplio y panorámico, aunque con reducida agudeza visual (herbívoros, conejos, peces).
- Cinco ojos: la estrella de mar tiene uno ojo en cada extremo de sus brazos (algunas tienen cinco brazos pero otras cerca de 40), llamados "copas oculares".
- Ocho ojos: la mayoría de las arañas, aunque algunas tienen seis.
- Diez ojos: los cangrejos tienen dos ojos a los costados de su cuerpo, cinco en el "lomo", dos en la mitad de su cuerpo y uno bajo su cola.
- Cincuenta a cien ojos: las almejas tienen todos esos ojos acomodados alrededor de su cuerpo.

Realizando un análisis desde los organismos más simples hasta los más complejos, podemos ver que muchos organismos simples tienen receptores luminosos capaces de reaccionar ante determinados movimientos y sombras:

- Algunos primitivos protozoos, apenas aprecian la diferencia entre luz y oscuridad, pero otros son capaces de detectar la luz y nadar hacia ella.
Las lombrices de tierra no tienen ojos pero poseen cientos de células sensibles a la luz, ubicadas debajo de la piel, que les permiten orientarse.
Los insectos: verán la ubicación del néctar gracias a unas manchas ultravioletas. Poseen ojos compuestos llamados científicamente omatidios, que forman una imagen más o menos rudimentaria. Algunos llegan a dominar los 360 grados por la posición de los ojos en la cabeza y el elevado número de omatidios que poseen. Son sensibles a la luz polarizada; gracias a esto, son capaces de orientarse perfectamente, aun en los días nublados, con poca luz.
Los caracoles: en sus largos cuernecillos tienen un pequeño abultamiento con células sensibles que les posibilita la formación de imágenes, que les permiten orientarse, encontrar fuentes de alimentación o distinguir potenciales enemigos.
Los peces: no tienen una visión tridimensional adecuada, más bien estereoscópica, o con profundidad visual, muy reducida. En la medida que los ojos se ubican más hacia el frente en algunas familias, aumenta su sentido de la profundidad. Existen peces con visión bifocal simultánea; son capaces de enfocar objetos cercanos con una parte del ojo, mientras que otra parte enfoca objetos lejanos y todo esto al mismo tiempo, valiéndose de una parte distinta de la retina, denominados "de cuatro ojos", como el Anableps anableps. Mientras que en el otro extremo tenemos los que tienen ausencia total o presencia de ojos muy rudimentarios, como los peces de las grandes profundidades (abisales) o los tetras de las cavernas, Astyanax mexicanus. En este caso el ojo resulta obsoleto e innecesario dado que no hay luz para transmitir imágenes. Sin embargo han desarrollado sustitutos suficientes como para poder comer microorganismos que no serían visibles a otros peces.

Pero la verdadera visión se compone por la formación de imágenes en el cerebro. 

La mayoría de los animales no ven tan bien como los humanos, ya que la acomodación, o enfoque, es menor debido a que su lente es más larga y no tiene capacidad para cambiar su forma tan bien como ocurre en las personas, aunque la retina es sensible a la luz.

Los primates, tienen visión estereoscópica, la evolución de la visión en color coincidió con el crecimiento del número de pseudogenes OR y el consiguiente deterioro del sentido del olfato. Sin embargo los monos no han desarrollado una gran agudeza visual ni tampoco una gran visión en la lejanía ni abarcan mucho campo de visión, logros conseguidos por determinadas aves, como las rapaces y otras con grandes desplazamientos aéreos. Por otro lado el hombre sólo abarca el llamado espectro de luz visible, de frecuencia media, y no ve la luz ultravioleta ni la infrarroja, como sí lo hacen otros animales.

Los pájaros: tienen también muy bien desarrolladas las máculas, por esto la mayoría tienen una visión central mejor que la de los humanos.

Los ojos de los animales sobrepasan a los de los humanos en la habilidad de ver en la noche. Esto se debe a que los animales tienen bastones extras, y algo que las personas no tienen: el tapetum lucidum. Esta capa especializada, junto a la retina, intensifica y refleja los niveles de luz más bajos, y la tienen todos los animales excepto los pájaros y los monos. Esto es lo que hace que los ojos de los animales brillen en la oscuridad. 

Mapaches: sus ojos parecen crecer durante la noche justamente porque se transforman (sus pupilas se agrandan) para dejar entrar mucha más luz. Es el mismo caso de las lechuzas y los búhos, que en la oscuridad ven 10 veces mejor que el hombre.

Los perros: cuentan con una muy buena visión durante el amanecer y el anochecer, pues cuentan con muchos más bastones. En estado salvaje, estos momentos del día son en los que más se movilizan para cazar, actividad conocida como ritmo crepuscular, característica en la mayoría de los mamíferos carnívoros. Con respecto a la visión periférica, el campo visual que abarcan es mucho mayor que el del humano, aunque con la dificultad de medir distancias. Los perros, como buenos cazadores, son muy sensibles a la detección de movimientos: un perro no distinguirá a su amo a una distancia de 300 metros si permanece inmóvil, pero sí lo detectará si éste empieza a moverse.

- El gato: tiene una lente relativamente grande, controlada por músculos más bien débiles. Por lo mismo, no puede enfocar muy bien los objetos muy cercanos y su visión óptima está entre los 2 y los 6 metros. Los ojos del gato están destinados a captar la máxima cantidad posible de luz, y la córnea y la lente son grandes en relación con el resto de dimensiones del globo ocular. La retina del gato, le permite ver con una luz al menos seis veces más pobre que el hombre. Sin embargo es incorrecto decir que los gatos ven en la oscuridad: puede parecernos oscuridad, pero tiene que haber algún indicio de luz para que el gato vea. Debido al gran número de bastones (dispersos sobre una zona relativamente grande de la retina) que contribuyen a la señal de un sólo nervio, la visión felina con luz escasa es un tanto borrosa, no pueden percibir detalles finos u objetos pequeños. Con luz diurna los bastones se vuelven inoperantes y el ojo depende de la visión de los conos.

Herbívoros: pueden ver en profundidad. Debido a sus pupilas horizontales, pueden percibir mejor las líneas verticales que las horizontales, esto les permite mantener bajo control visual su entorno mientras pastorean.

El ganado bovino: no puede percibir objetos ubicados por encima de la línea de la cabeza, a menos que éstos se muevan.

Los caballos: son sensibles a indicadores de profundidad visual. Sin embargo, quizás deban detenerse y bajar la cabeza para percibir la profundidad del campo visual. Esto puede explicar por qué se frenan bruscamente cuando ven sombras en el suelo. El caballo posee una agudeza visual menor a nosotros. A cambio posee una buena visión periférica del entorno y buen sentido de profundidad de los objetos que están delante de él y muy buena visión nocturna. El ojo del caballo es el más grande de los mamíferos terrestres y esto produce que las imágenes las vea magnificadas en un 50 por ciento (aproximadamente) de como nosotros las vemos.

6 may. 2014

El amor mueve el mundo.

Vivo en una duermevela. ¿Quién no ha sentido alguna vez la necesidad de correr, de romper con todo, de huir, de hacerse un ovillo con el solitario deseo de que el tiempo pase?  En días me busco, en días me encuentro y en días me suicido. No me he movido pero no estoy donde estaba. Quiero saber si soy verdad o si me engaño. A veces camino solo, a veces la soledad me acompaña, a veces me rio de mí, a veces la risa soy yo, a veces hablo pero no me escucho, a veces escucho pero no puedo hablar, a veces me callo y mi conciencia me escupe venenos de a cincuenta céntimos la garrafa. Y todo porque a veces quiero ser yo, pero a veces me miro y entonces sufro, y mi corazón hecho papel y lapicero escribe renglones desesperados. Mis ojos lloran arena, mi alma huye perseguida por mí mismo, mi sangre acaricia la esperanza, y al tocarla yace costra. Busco mis manos para protegerme pero son de humo, un humo podrido, desdentado y yonki. Y todo porque a veces quiero ser yo pero a veces me niego. A veces no sé quién soy.

Soy cada uno de los lugares en los que he estado. Soy los caminos que me quedan por recorrer. Soy los puentes que dinamito cuando me marcho, que si tengo que volver ya volveré por otro lado. Soy un sueño en el que tengo una pesadilla por no poder soñar. Soy lo que me hace llorar y cuando lloro soy yo, cada una de mis lágrimas. Soy los espasmos de una polla sin agujero. Soy la gangrena en unos pezones de miel. Soy la tristeza de una paja a oscuras. Soy una muñeca hinchable buscando un alfiler. Soy el cartel de aforo completo de un tanatorio. Soy la resaca de un abstemio de besos. Soy la lluvia y soy el charco. Soy la necesidad de que algún día el amor mueva el mundo.

2 mar. 2014

Black Sails

Hoy vengo a recomendaros esta serie: Black Sails. Se trata de una precuela de La Isla del Tesoro del conocido Robert Louis Stevenson; una historia que acontece 20 años antes. 
Los personajes del escritor están bien plasmados en la pantalla, y entre un cúmulo de tesoros, sexo, sangre y ron, la trama en la que el capitán Flint intenta recuperar la credibilidad de su tripulación no deja indiferente.
La serie está en estos momentos emitiéndose en EE.UU. y podemos encontrarla en V.O.S., con una duración por capítulo de 60min. 
Una fabulosa historia de piratas contada con los personajes de Stevenson que harán calada en los amantes de bucaneros y corsarios. 
Os dejo el tráiler:

3 feb. 2014

Fish and Gun



Hoy os recomiendo una página web de juegos online (http://www.minimonigotes.com/). Me parece que tiene las categorías bastante bien organizadas y puedes crearte un perfil para ir agregando a favoritos los juegos que más te gusten... ¡pero no sólo eso! También te recomiendan juegos según tus elecciones previas y el tiempo que has estado en cada uno.
Prometen nuevas actualizaciones pronto, así que estoy en ascuas. El juego tonto del día (y el que recomiendo) es Fish and Gun, un clásico. Sólo os dejo el enlace :)
http://www.minimonigotes.com/juegos/clasicos/fish-and-gun/


30 jul. 2013

El monje

Dos monjes estaban lavando sus tazones en el río cuando vieron que un escorpión se ahogaba. Un monje lo sacó inmediatamente y lo puso delicadamente sobre la orilla. Justo antes de posarlo sobre la arena, el escorpión movió rápidamente su cola para picar al monje.

- ¡Uy! ¡Qué daño! ¡Me ha dado en un dedo! -exclamó el hombre dolorido.

Cuando el dolor fue mitigándose, con el dedo hinchado, el monje volvió a la orilla a acabar de lavar su tazón. Mientras estaba manos a la obra, vio que el escorpión se había vuelto a caer al agua. Inmediatamente, metió su aún dolorida mano en el río para sacar al animal. Mientras dejaba al escorpión en el suelo, éste le picó de nuevo.

El otro monje le preguntó:

- Amigo, ¿por qué continúas salvando al escorpión cuando sabes que su naturaleza es picar?

- Porque -respondió el monje- salvarlo es mi naturaleza.

Antigua historia oriental.

29 jul. 2013

El arte de no amargarse la vida

Es curioso como la gente desprestigia a los libros de autoayuda. "¿Cómo? ¿Autoayuda dices? ¿Quién ha dicho que yo necesite ayuda?", entre otras, suelen ser las respuestas que más he encontrado. Este sentimiento algo soberbio es, desde mi punto de vista, un completo error (si es que te interesa saber algo más sobre el comportamiento humano, claro). 

Los ejemplares de "autoayuda", que yo prefiero llamarlos debido a la mala fama del término como "de corte psicológico", son realmente entrañables. No porque te vayan a solucionar la vida sino porque van a presentar una serie de conceptos, situaciones y soluciones que quizás nunca te planteaste, que te hacen reflexionar y que, en definitiva, te hacen aprender más sobre la mente humana, su comportamiento en las relaciones interpersonales y de, quién sabe, darte la posibilidad de aplicarlo a tu día a día para mejorar. Pese a que te encuentres "bien" o califiques tu vida de "totalmente feliz", estos textos siempre ayudan a conocerte mejor o incluso a aprender a entender y comprender a los demás. 

En concreto, en "El arte de no amargarse la vida", escrito por el psicólogo Rafael Santandreu, nos presenta lo que él llama "las claves del cambio psicológico y la transformación personal" para llegar a ser feliz. Así, nos explica que tenemos una fuerte tendencia a crear necesidades ficticias a partir de deseos legítimos (tener dinero, alcanzar la felicidad, tener pareja, o cualquier otra idea que se nos ocurra y que consideremos que son "necesarias para vivir"). Son estas necesidades inventadas las que nos producen el malestar emocional, inseguridad, insatisfacción, ansiedad y depresión, ya que aunque las satisfagas siempre tendrás el miedo de "perderlas" y si no las consigues, te conviertes en un desgraciado. Toda esta invención se debe a que el ser humano posee una gran capacidad de fantasía, y no debemos olvidar que los deseos están bien siempre que sólo sean divertimentos en una vida que ya es feliz de por sí:

"Si nunca llego a satisfacer mi deseo, me perderé algo interesante, pero la vida ofrece muchas más oportunidades de tener una existencia feliz".

Es decir, las emociones son correctas solamente a la luz de criterios objetivos, de otra forma son patológicas. Además tenemos que tener en cuenta que cada necesidad inventada se trata de una fuente de debilidad sobre nuestra estabilidad emocional.

Con numerosos ejemplos (como la vida de Christopher Reeve y Stephen Hawking) y casos clínicos de pacientes tratados por este hombre, el libro se hace realmente ameno a la vez que didáctico, no olvidando el porqué de todas estas anécdotas: la clave de la salud mental y la estabilidad emocional es no necesitar cosas materiales ni inmateriales. 

Para terminar, también he de mencionar que entre líneas se puede observar una crítica a la sociedad actual y  al cómo la publicidad y la televisión han impuesto estereotipos que aumentan la neurosis en la población. 

Recomiendo esta obra encarecidamente, en especial a los estudiantes de medicina, ya que creo que es una forma curiosa de llegar a comprender a los pacientes.

3 jul. 2013

La noche

Mirando el alumbrado de la ciudad desde lo alto de su azotea, Linda pensó que el tiempo se había detenido. 
La gran avenida estaba dormida. Ningún coche perturbaba el silencio, y tan sólo una pareja paseaba disfrutando del aire veraniego que soplaba por la noches. 
Miró las estrellas. Fabuloso. La contaminación lumínica no había hecho estragos y lucía un precioso cielo estrellado. 

¿Por qué pensaba en él? ¿Por qué su mente parecía cambiar durante la noche?¿Por qué aumentaba la confusión precisamente ahora, que parecía ir todo bien? 

No sabía qué pensar. Aquellas estrellas sobre su ciudad natal le estaban dando la vuelta a su mundo. En estos momentos no callaría, no se controlaría. Ni siquiera se pararía a pensarlo. Desearía tener a esa persona ahí. Abrazarle. Besarle. Se dejaría llevar. Deseaba hacerlo. La idea era más que atractiva, más que tentadora. Pero, ¿era lo correcto? ¿No sería que la noche le confundía, que su subconsciente le jugaba una mala pasada? Tenía ganas de gritar. Gritar alto. Muy alto. Y que le oyeran. Sobretodo él. Maldita sea, no quería dormir sin haber hecho todo esto. Al menos no sin haberle deseado las buenas noches.

Un claxon de un coche que casi había atropellado a un peatón demasiado borracho le devolvió a la realidad.

"Cierto, yo venía a recoger la colada".

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